El PLD padece del sÃndrome del pecado original: sus miembros se dejan merodear por la serpiente y quieren comer del fruto prohibido.
En cada proceso de elección se apuntan como candidatos compañeros que no pueden ni con su alma. Muertos que no están enterrados por falta de cajas. Basta con observar de pasada y se advierte ese fenómeno ingrato. La finalidad siempre es la misma: desacreditar los eventos.
No importa si se trata de primarias, ingreso a organismos o cualquier otro tipo de situación. Se inscriben sin más, como si fuera asunto de dicha y cayera del cielo.
Cuando transcurre lo que sea, se comprueba lo que pudo determinarse sin tomar a burla al partido.
No sacan una gata a mear por la sencilla razón de que no tenÃan gata. Solo una cacata en el bolsillo y veneno de envidia.
Ahora mismo vive uno de esos momentos en que cara y escasa la sal se intenta comprar chivo, contándose que como de La LÃnea... viene con orégano adentro.
La aventura no tiene lÃmites y a nadie sonroja el ridÃculo. Incluso, los hay que lo hacen cada vez, y siempre lo volverán a hacer, pues la malhadada actuación les garantiza medio minuto de fama.
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